Izamal y los cenotes de Santa Bárbara
DEL SOL AL INFRAMUNDO
La experiencia de Izamal y los cenotes de Santa Bárbara puede leerse como una ruta que inicia en una de las ciudades sagradas más antiguas de Yucatán, y desciende después hacia el inframundo, – territorio oculto que durante miles de años ha sostenido la vida en la península -.
Esta ruta es una forma de entender cómo el territorio yucateco ha sido habitado en el paso del tiempo.
Ubicada al oriente de Mérida, Izamal es reconocida como una de las ciudades más antiguas del norte de la península de Yucatán. Hoy se le conoce como “La Ciudad de las Tres Culturas”, porque en ella conviven con claridad tres tiempos: el mundo prehispánico, el periodo colonial y la vida contemporánea.
Su nombre suele vincularse con Itzamná, una de las deidades y figuras civilizadoras más importantes del universo maya. En distintas interpretaciones, Izamal ha sido entendida como un lugar ligado al conocimiento, a la creación y al orden del mundo.
A lo anterior se suma también el Convento de San Antonio de Padua, construido en el siglo XVI sobre una antigua plataforma ceremonial maya. Su presencia resume uno de los procesos más profundos de la historia de Yucatán: la superposición entre el mundo indígena y la visión religiosa colonial.

Vista aérea del Convento de San Antonio de Padua
Color, historia e identidad: por qué Izamal es amarilla
A primera vista, Izamal deslumbra por un rasgo inconfundible: su color, por eso también se le llama “La Ciudad Amarilla”, pero ese amarillo no responde a una sola explicación. Más bien, es el resultado de distintos momentos históricos que han ido reforzando la identidad visual y simbólica de la ciudad. Una lectura profundamente local, asocia el amarillo con el maíz, un elemento central en la cosmovisión mesoamericana y en los relatos mayas de creación. En ese sentido, el color no es menor: remite a materia, alimento, origen y continuidad cultural.
En términos históricos recientes, también existe una explicación urbana concreta. De acuerdo con el cronista local citado por el Diario de Yucatán, durante la administración municipal de Jorge Carlos González Rodríguez “El Mozo” (1959–1961), se ordenó pintar de manera uniforme las fachadas del primer cuadro de la ciudad para cubrir la publicidad comercial que se había expandido en viviendas y negocios. Décadas después, la visita del Papa Juan Pablo II en 1993 reforzó visualmente el uso del amarillo y blanco en el entorno del exconvento y el centro histórico.
También hay una razón práctica: en un territorio de luz intensa, el color claro refleja mejor el calor, ayuda a la conservación de los inmuebles y genera una atmósfera urbana muy particular.

Fachada del Convento de San Antonio de Padua, Izamal, Yucatán. 2021
Viajar así también es aprender a mirar
En Ruta Tuga creemos que viajar no tendría que ser solo “consumir lugares”. También puede ser una forma de leer el territorio, de entender cómo se formó, qué historias guarda y cómo se relacionan entre sí la cultura, la geología, la espiritualidad y la vida cotidiana.
Kinich Kakmó: subir hacia el sol
Uno de los puntos más poderosos del recorrido es la Pirámide de Kinich Kakmó, una de las estructuras más monumentales de la ciudad y una de las más altas de México. Su construcción abarca distintos momentos entre aproximadamente 150 y 1200 d.C., reflejando la larga ocupación y relevancia ceremonial del sitio. Su nombre suele traducirse como “guacamaya de fuego con rostro solar”, una imagen potentísima dentro del universo simbólico maya. Kinich Kakmó está asociado al sol, a la energía vital, a la salud y a la fertilidad. En la tradición local e histórica, se entendía que esta fuerza descendía con el sol del mediodía para purificar y activar la vida.

Vista del pueblo desde la Pirámide Kinich Kakmó, Izamal, Yucatán
Del sol al agua: el descenso hacia Homún
La segunda parte del viaje nos lleva a Homún, una de las zonas más representativas del Anillo de Cenotes de Yucatán, donde se encuentra el complejo Ecoturístico de Santa Bárbara. Aquí se revela algo esencial para comprender la península: a diferencia de otras regiones de México, Yucatán casi no tiene ríos visibles, porque su territorio está formado principalmente por roca caliza, una piedra porosa que durante millones de años fue disuelta por el agua de lluvia, dando origen a cuevas, cavernas y cenotes.
Santa Bárbara: cuatro formas de entrar al agua
Es un complejo ecoturístico con cuatro cenotes, lo que lo vuelve especialmente interesante para una experiencia de interpretación territorial.

Xooch’ — semiabierto
Con un ambiente más vegetal y sereno, permite observar la conexión entre agua y entorno vivo.

Chacsinkín — semiabierto
Una transición entre cueva y apertura, donde se percibe con claridad la relación entre roca, raíces y luz.

Pool Cocom — abierto
Más luminoso y accesible, con facilidades que permiten una experiencia más cómoda para distintos perfiles de visitantes.

Cascabel — tipo caverna
Un cenote más cerrado, con sensación de interioridad, piedra envolvente y una atmósfera casi subterránea.
Visitar este complejo, nos permite comprender la diversidad geológica e hidrológica de la península.

Cenote de Homún, anillo de cenotes.
El agua y el impacto de Chicxulub
Si queremos entender por qué existen tantos cenotes en esta región, hay que mirar mucho más atrás en el tiempo. Hace aproximadamente 66 millones de años, un gran asteroide impactó en la zona de Chicxulub, al norte de la península de Yucatán. Ese evento está asociado a la extinción masiva del límite Cretácico–Paleógeno, en la que desaparecieron muchísimas otras especies. La zona del impacto dejó una huella geológica profunda que ayudó a fracturar el subsuelo y a influir en parte del patrón hídrico de la región.

Si quieres vivir esta experiencia con nosotras
En Ruta Tuga diseñamos recorridos pensados para mujeres que quieren conocer Yucatán desde una mirada más auténtica, sensible y conectada con el territorio.
Fotografías de: www.yazayuso.com

